domingo, 21 de diciembre de 2014

Los derechos de Lovecraft I: El culebrón

Si hay un tema que inquiete periódicamente a los aficionados a los Mitos de Cthulhu, es el relativo a los derechos sobre la obra de Lovecraft. Es este, curiosamente, un asunto que se resiste a esclarecerse de forma definitiva pese a que ya han transcurrido más de setenta y siete años desde la muerte de H.P.L.

La principal causa de este caos está en la complejidad de las leyes estadounidenses sobre propiedad intelectual, afectadas desde hace décadas por la presión de diferentes lobbys interesados en no perder su fuente de ingresos. También influye lo golosa que resultó desde el principio la herencia literaria de Lovecraft, que nunca dejó muy clara su voluntad al respecto.

Voy a intentar a continuación analizar la situación actual, sin dejar de referiros a la auténtica biblia sobre este tema, la página de Chris J. Karr The Black Seas of Copyright, donde lleva años analizando las diferentes ramificaciones de este culebrón.

Resumen para vagos

La obra de Lovecraft está en el dominio público en Europa y buena parte del mundo, y seguramente también en los EE.UU. Creaciones de otros autores, aun cuando se incluyan en los Mitos de Cthulhu, no tienen por qué estar libres de derechos.

Primera fase

Cuando Lovecraft falleció, en marzo de 1937, en cumplimiento de su testamento fechado en 1912 correspondía a Ann Gamwell (la tía Annie, su única familiar directa todavía viva) ser la heredera de sus magras posesiones, incluyendo los derechos sobre sus obras. Hasta este punto todo está más o menos claro.

Pronto comezó a complicarse. La propia Gamwell había descubierto por casualidad, poco tiempo antes, un escrito de Howard por el que nombraba al joven Robert H. Barlow (a la sazón de sólo 18 años) su albacea literario. No era un documento con validez legal, pero Gamwell decidió cumplirlo. Cuando Barlow se presentó en su hogar para darle el pésame, Ann Gamwell hizo una copia a mano de dicha voluntad literaria (cuyo original se considera ahora perdido) y se la entregó. Barlow se llevó de la casa de Lovecraft un gran número de manuscritos con la intención de clasificarlos y publicar las obras más comerciales, a cambio de salvar un porcentaje para Gamwell, que carecía de otras fuentes de ingresos. Lamentablemente, Barlow nunca puso mucho empeño en su cometido.

No obstante, había dos buitres mucho más activos. August Derleth y Donald Wandrei, que a las pocas semanas del fallecimiento comenzaron a presionar a la tía Annie para que les cediera los derechos a ellos, bajo el pretexto de que serían mucho más comerciales (cosa por otro lado totalmente cierta) y de esa forma ella obtendría más dinero. Mantuvieron con Barlow un tira y afloja en el que el joven tenía todas las de perder, hasta que en 1939 la pequeña editorial que habían fundado, Arkham House, publicó su primer libro de Lovecraft, The Outsider and Others.

Gamwell murió en enero de 1941, y en su testamento cedió los derechos de ese libro a Derleth y Wandrei. Sus únicos herederos, unas primas lejanas llamadas Ethel Morrish y Edna Lewis, no se opusieron a ello y en mayo de ese mismo año ampliaron esta concesión a toda la obra de Lovecraft. Derleth se quedó solo al mando de Arkham House cuando Barlow arrojó la toalla y se marchó a enseñar antropología a Méjico (donde se suicidó a comienzos de 1951) y Wandrei fue llamado a filas para combatir en la 2ª Guerra Mundial. Para evitar que quedaran cabos sueltos, Derleth adquirió de Dorothy McIlwraith, editora en esos momentos de Weird Tales, los derechos sobre las obras de Lovecraft que aparecieron en su momento en dicha revista.

En estos documentos se basó Derleth para mantener durante décadas sus famosas reclamaciones sobre la obra de Lovecraft. Sin embargo, ni la herencia de Gamwell ni la llamada "donación Morrish-Lewis" concedían en modo alguno a Arkham House la exclusividad sobre estos relatos, sólo daban permiso para publicarlos y ganar dinero con ello, por lo que Derleth se cuidó mucho de hacerlos públicos, y sólo se conocieron en detalle a partir de los años 70.

En cuanto a los derechos de Weird Tales, según la investigación que realizó S.T. Joshi para su biografía de 1996 H.P. Lovecraft: A Life (quedaos con esto), Lovecraft había retenido a partir de 1926 los derechos sobre sucesivas reediciones de sus relatos, por lo que poco podía quedar en manos de la revista. Tampoco se ha localizado nunca prueba alguna de que estos copyrights fueran renovados posteriormente, tal como exigían las sucesivas enmiendas a la ley estadounidense de propiedad intelectual, en particular la de 1978, aunque existen varias interpretaciones al respecto.

Ya os habéis perdido, ¿verdad? Demos un salto varias décadas al futuro.

Continúa

Este artículo continúa en Los derechos de Lovecraft II: La venganza.

2 comentarios:

José Joaquín Rodríguez dijo...

Siempre me ha quedado la duda de hasta qué punto Derleth quería originalmente aprovecharse del legado de Lovecraft, y hasta que punto no sentía un sincero interés en publicar su obra.

Desde un punto de vista comercial, el legado no podía ser especialmente goloso: Lovecraft jamás publicó un libro en vida, limitándose a ver algunos de sus relatos (que no todos) en revistas pulp.

Por otro lado, según comenta De Camp en su poco objetiva biografía, Barlow realmente quedó sobrepasado por la ingente tarea de editar la obra de Lovecraft. Desde ese punto de vista, parece lógico que transcurridos casi dos años de su muerte hubiese cierta inquietud por parte de Derleth y quisiera ver la obra de su amigo editada como se merecía.

Obviamente esto no quita que Derleth fuera un escritor mediocre que canibalizó mucho de Lovecraft, con relatos que son puros plagios y una visión Bien vs. Mal que Lovecraft nunca tuvo (pero que durante años se mantuvo, y que domina aún la mayoría de juegos de rol lovecraftianos).

Imagino que a estas alturas es difícil saber cuál fue la intención de Derleth, de Barlow y de todos los demás implicados.

Entropía dijo...

Es un tema complicado, pero cuanto más leo sobre las actividades de Derleth, peor opinión tengo de él.

No sólo impedía que otros publicaran los relatos de HPL (a sabiendas de que él nunca tuvo la exclusividad), sino que obstaculizó y en algunos casos impidió la aparición de obras inspiradas en los Mitos e incluso de biografías sobre Lovecraft.

Como dices, es difícil saber lo que pasaba por su cabeza, pero de algún modo se sintió el "sumo sacerdote" de lo lovecraftiano, guardián y único intérprete válido de su legado.

En cuanto a Barlow, bastante tenía el pobre con los problemas de su homosexualidad, que le llevaron a suicidarse con apenas 32 años...

Saludos,
Entro