martes, 27 de febrero de 2018

Homeopatía literaria

Sí, eso he dicho, homeopatía literaria. Vaya por delante que no soy partidario de la homeopatía, es una patraña sin base científica que abusa del efecto placebo y de la ingenuidad de los pacientes. Pero cuando hablamos de la literatura la cosa cambia y puede dar buenos resultados. Tampoco poseo ninguna prueba concluyente de que mi teoría realmente tenga un efecto real, pero oiga, «a mí me funciona» .

Vale, vamos al meollo. ¿A qué me refiero con esto que me he inventado de «homeopatía literaria»? Imagino que todos sabéis en que se fundamenta la homeopatía: se coge un supuesto principio activo y se diluye cada vez más hasta que no queda ni una sola molécula del mismo, con la peregrina noción de que, de algún modo, el agua «recuerda» ese componente y actúa en consecuencia. Bien, pues aquí la idea es similar. Se trata de escribir algo y luego quitarlo de la versión final, con la convicción de que incluso sin estar presente afectará al resto del texto. Tiene sentido, porque cuando escribes no sólo estás pensando en la frase que redactas en este mismo momento, sino también lo que ya has escrito y lo que piensas poner a continuación.

Un ejemplo ilustrativo. Supongamos que tu personaje se aproxima a una situación de peligro mortal de la que se librará por los pelos en el último momento. Pues se trata de escribir una escena en la que realmente muera, para luego quitarla y sustituirla por su salvación. ¿Por qué? Pues porque redactarás el resto del texto en consecuencia, de forma que todo apuntará a que de verdad la va a palmar. Así, cuando finalmente se salve, resultará más emocionante. Sencillo, ¿no?

Hay más aplicaciones de esta terapia. Por ejemplo, puede que desees no ser demasiado explícito en las escenas de violencia o sexo. Esto es muy comprensible, pero se corre el riesgo de que toda la narración quede floja. Para evitarlo, puedes escribir realmente esas escenas con toda su crudeza y luego «taparlas» con un fundido en negro o algunas elipsis oportunas. Aunque el lector no encuentre los detalles en la versión final, notará que los personajes sí saben lo que pasó y lo han vivido, lo que da fuerza al conjunto.

Otra posibilidad más ortodoxa: a menudo los acontecimientos del presente emanan de algo que sucedió en el pasado y que sólo deseas referir indirectamente. Pues aun así, conviene escribirlo para que los detalles y connotaciones resulten coherentes y, sobre todo, factibles. Quién estuvo allí, por qué y qué hizo. Cuán a menudo se mete la pata por dejar de forma nebulosa un aspecto sobre el que debe pivotar la trama, sin tener algo sólido a lo que agarrarnos.

Creo que la idea está clara. Después ya depende del perfeccionismo de cada uno, pero como ese texto luego lo vamos a borrar o guardar en el cajón, en principio no merece la pena detenerse en cuidar el estilo o que las descripciones fluyan, es más importante su intensidad: sucesos impactantes, diálogos cortantes, hechos cuyas «ondas» alcancen al resto del texto. Pero como siempre digo, que cada uno pruebe y se quede con lo que le funciona.

Espero que esta breve entrada os haya sido útil. En el blog encontraréis otros consejos literarios, por ejemplo en este otro artículo. Hasta la vista.

jueves, 25 de enero de 2018

Repetition Detector 2

No soy partidario de utilizar programas de apoyo a la escritura. De hecho, muchos de mis relatos los he redactado en condiciones precarias con el viejo Wordpad de Windows, e incluso en una situación ideal me basta y me sobra con el procesador de LibreOffice.

La única ayuda informática que utilizo regularmente es un programa llamado Repetition Detector 2 que, como su propio nombre indica, permite hallar palabras repetidas en un texto. Odio que me pase eso, así que me viene bien un programa de apoyo. Es de pago (7.40$) pero me proporciona una capa adicional de confianza que valoro mucho.

Sin embargo el programa no es perfecto. Básicamente lo que hace es buscar palabras próximas que comiencen por las mismas letras (tanto la distancia entre palabras como el número de letras para considerarse repetición son configurables) y también las partículas que predefinamos (por ejemplo «mente» para detectar la abundancia de adverbios). Esto ya de por sí encuentra muchas cosas, pero no todas. Por ejemplo, no verá nada raro en frases como «su fuerte fortaleza» o «dispuesto para el puesto», porque no cumplen esa condición de repetición inicial. Tampoco detecta cacofonías o aliteraciones. En ese sentido creo que podría estar más trabajado (buscando por morfemas más que letras a pelo, por ejemplo), pero al menos es rápido y sencillo de usar.

En el fondo ocurre como con el corrector ortográfico del procesador de textos: puede encontrar cosas que se te hayan pasado, pero nunca sustituye la necesidad de un ojo humano experto.

viernes, 12 de enero de 2018

Otro año y yo con estos pelos

Otro año, ya. Y yo cada vez con menos tiempo y menos cosas que contar. Realmente no sé qué hacer con este blog. No quiero cerrarlo porque en el fondo no me cuesta nada mantenerlo (como suele decir mi padre, «no me come») y supongo que aún se me puede ocurrir alguna cosa medianamente interesante que me mueva a subir un artículo. Pero ahora mismo no le veo mucha razón de ser.

Así pues, que nadie espere regularidad de aquí en adelante. Ya, anteriormente tampoco la hubo, pero ahora menos. O no, quién sabe. La idea es dejarse llevar, que sea el destino quien decida. Si surge algo que merezca la pena y me pilla con fuerzas, aquí estará. O si encuentro alguno de mis viejos microrrelatos y me convence, que también podría pasar. Y si no, pues hasta siempre, muchachos.