lunes, 14 de diciembre de 2020

Lecturas 2020

Vamos con las lecturas de este año. Han sido poquísimas y me sorprende, porque más o menos he ido bien de ritmo, pero ha habido grandes parones entre uno y otro libro casi sin darme cuenta. Todo esto del confinamiento por la covidia, además del teletrabajo, no ha beneficiado ese tema (ni muchos otros, claro). Suelo leer en el transporte público y en casa por lo general prefiero ponerme al ordenador (lo sé, no tengo perdón de las musas).

Pero en fin, lo importante es que he podido ponerme con algunos libros a los que tenía ganas desde hacía mucho, y ninguno me ha parecido lo que se dice malo, aunque evidentemente unos son mejores que otros. Como veis, incluso para tratarse de un número tan bajo de lecturas hay mucha variedad temática y temporal, con varios libros de los que se consideran «antiguos».

El club de la lucha [🎥]
Chuck Palahniuk (1996)
Debolsillo, 2017. 218 págs.

Os contaría algo de este libro, pero su primera regla me lo prohíbe ¯\_(ツ)_/¯

Ahora en serio, es una novela representativa como pocas del nihilismo de los años 90, llevada con éxito al cine en el 99 (la portada está tomada del cartel del film). A ver, a mí me gusta y como alegato antisocial es estupendo, pero hay que reconocer que del club de la lucha se habla más bien poquito. Pero hace pensar y tiene grandes personajes, así que bravo.

No voy a añadir más porque por su estructura y temática es difícil de explicar, es mejor que la leáis si aún no lo habéis hecho.

Carmilla [🎥]
Joseph Sheridan Le Fanu (1872)
Alianza, 2006. 147 págs.

Clásica novela corta sobre el vampirismo (con un claro trasfondo lésbico) que no sé cómo no había leído hasta ahora. Tiene un planteamiento un tanto ingenuo, con personajes incapaces de sumar dos y dos y que sin embargo luego aceptan las teorías más peregrinas, y un final apresurado que desperdicia el potencial de la propia Carmilla, pero por lo demás es muy sugerente, recomendable para los amantes del terror clásico.

Bajo nuestros pies [🐙]
Francisco Javier Olmedo Vázquez (2017)
ExLibric, 2017. 266 págs.

Es una novela lovecraftiana inspirada en los Mitos de Cthulhu, y creo que precisamente su problema es que es demasiado clásica. El concepto de pastiche no tiene nada de malo, pero si no se aporta algo nuevo o rompedor acaba aburriendo, más aún cuando la prosa es extraordinariamente dura de vadear, plena de adjetivos y largas parrafadas de personajes que supuestamente están arriesgando su vida. Entiendo el homenaje pero esperaba más.

Territorio Lovecraft [🎥🐙]
Matt Ruff (2016)
Destino, 2015. 442 págs.

La tenía pendiente y, ya que van a hacer la serie de TV, me he puesto con ella. Se ambienta en los años 50, en una familia negra de los Estados Unidos en la era de la segregación racial.

Como lectura es ágil y fluida, lo que ya es mucho. La parte del racismo se me hace machacona, pero entiendo que es el tema y lo respeto. Sin embargo, todo lo de «terror» es muy pobre, los personajes ni se lo toman en serio. Y como yo doy importancia a ese aspecto, mi impresión global es mediocre.

Delta de Venus [🎥]
Anaïs Nin (1940s)
Alianza, 2019. 350 págs.

Antología de relatos eróticos escritos por encargo durante la década de los años 40. Algunos son meros «chistes verdes» y otros desarrollan más la psicología de los personajes, especialmente los femeninos, aunque en general divaga bastante.

Con estas cosas siempre surge la cuestión de si las mujeres escriben un erotismo fundamentalmente diferente del de los hombres o no, y basándonos en este libro desde luego se ven diferencias con lo habitual en el género, pero también cabe preguntarse si Nin era representativa o escribe con un estilo propio (que yo diría que sí).

Meditaciones [🎓]
Marco Aurelio (S.II)
Taurus, 2008. 172 págs.

Obra fundamental de la era tardía de la filosofía estoica. Breve y muy accesible, es un tanto repetitiva y mezcla muchos aspectos (la parte ética, que es hoy día la más valiosa, con la cosmología o la epistemología, demasiado simples a mi entender) pero en conjunto me parece admirable lo bien que ha soportado el paso de los siglos, y lo útil que es para quien desee orientar su vida con sencillez. Digamos que antes de perderse con los libros de autoayuda uno debería leer obras así.

Mujer blanca soltera busca… [🎥]
John Lutz (1990)
Círculo de Lectores, 1994. 300 págs.

No he visto la película del 92 ni tenía idea de qué iba la historia, y sin duda eso ha ayudado a disfrutar de este excelente thriller, lento y bien medido, aunque flojea cuando ya se produce el crimen (no voy a spoilear más).

Aunque no fuera su objetivo, es interesante ver cómo presenta la vida de una mujer «independiente» en Nueva York a finales de los años 80. Lo que sí está claro es que el autor no tiene ni idea de lo que es trabajar de programador 😂

Bioshock: Rapture [🎮🇬🇧]
John Shirley (2011)
Titan Books, 2011. 470 págs.

No es exactamente una novelización del famoso videojuego, sino más bien una precuela donde se narra la historia de la ciudad submarina desde su concepción hasta que da comienzo el juego propiamente dicho, unos quince años más tarde. Debido a eso tiene más libertad y resulta más interesante que otras adaptaciones, aunque en el fondo no deja de ser un «unir los puntos» (metiendo como sea los personajes y localizaciones mencionados en el juego) con poca literatura.

viernes, 30 de octubre de 2020

Regalo envenenado

Hoy toca relato corto (2200 palabras), una mezcla de humor negro y terror que encaja bien con este viernes de pre-Halloween.

Lo escribí hace muchos años para un concurso (donde por supuesto no ganó) y no quedé demasiado satisfecho con el resultado. Mi intención original era que fuese más largo y detallado, pero por limitaciones de la convocatoria tuve que reducir la extensión al máximo. Total, para que luego no salga. Es lo malo de esas cosas, están bien para animarse a escribir pero luego acaban coartando la libertad creativa. En fin, por otro lado así es lo bastante corto como para subirlo aquí sin que resulte excesivo.

Leedlo como si estuvierais viendo una serie teen americana de hace años con elementos de slasher. Espero que lo disfrutéis.


La fiesta estaba en su punto álgido y la joven anfitriona se paseaba con su liviano vestido entre los corrillos de invitados.

—Por favor, dejad los regalos junto al sofá. Gracias, sois unos cielos. Hay más bebidas en la cocina, podéis serviros vosotros mismos.

Había que aprovechar que sus padres se habían tomado un fin de semana «romántico». Hacer eso justo en su cumpleaños era como darle permiso tácito para montar una fiesta absolutamente total.

En ese momento volvió a sonar el timbre de la puerta. ¿Quién demonios llegaba tan tarde? Esperaba que no fueran los vecinos quejándose del ruido, porque había bastante jardín entre una casa y otra. Antes de poder abrir, se encontró con su mejor amiga.

—Chica, menuda fiesta. ¿Quién es ahora, otro chico fornido?

—Ni idea —rió ella—. Pero si lo es, mantén lejos tus manos que hoy los regalos son para mí.

Abrieron. Esperando en el porche, vestido como si fuera a una boda y con sonrisa bobalicona en el rostro, estaba el mayor friki de la clase.

—Ah, ¿eres tú? —fue el frío saludo de la chica—. Pensé que no te había invitado.

—Y no lo has hecho, je, je. Sólo… sólo he venido porque quería traerte un obsequio.

A la chica le entraron ganas de reír. Un «obsequio», ¿quién usaba esas palabras? El chaval traía entre las manos un paquete envuelto en papel de regalo de lo más infantil.

—Vaya, no tenías por qué haberte molestado —contestó desabrida, y estaba siendo totalmente sincera—. Anda, pasa y déjalo con los demás. Y no te quedes mucho rato, ¿vale?

—Gracias, estás muy guapa, ¿sabes?

Ella le ignoró, pero su amiga soltó una risita a su espalda.

—Pobre —dijo—, está coladito. Creo que haría cualquier cosa por ti. Y tú podías ser un poco más amable, la verdad.

—¿Más amable? —protestó la anfitriona—. ¿Con el empollón de la clase? Si me ven mucho a su lado mi popularidad se desplomará. Bastante que confío en él para que me prepare el trabajo de fin de curso. Me juego la nota con eso, y si por lo que sea suspendo, adiós corona.

—Eso contando con que Cindy no te gane en la votación…

La chica lanzó un bufido.

—Menuda furcia —dijo—. Es capaz de hacer cualquier cosa con tal de ganar. Siempre ondeando ese pelo suyo tan guay de morenaza. Seguro que se lo tiñe.

—En clase no se habla de otra cosa, ¿te das cuenta? Ser la reina del baile de graduación es lo más fuerte, cualquiera mataría por eso. Y presiento que vas a ser tú.


El lunes siguiente, en el instituto, el empollón aquel no paraba de girarse (era de los que se sentaba en primera fila, cómo no), para sonreírle todo el rato con su ortodoncia. Suspiró hacia el cielo y recibió como un milagro la llegada del descanso. En las taquillas volvió a juntarse con su mejor amiga.

—¿Te has fijado en que Cindy no ha venido? —comentó ésta.

—¿Yo? No me fijaría en Cindy ni aunque viniera a clase desnuda. Lo cual, tratándose de ella, no me sorprendería nada.

—Bueno, pues agárrate porque dicen que ha desaparecido.

—Por mí como si la abducen los extraterrestres y luego un camión arrolla el ovni.

—¡En serio! —insistió la otra—. Parece que nadie sabe dónde está desde el sábado por la tarde. No ha vuelto a casa y sus padres la están buscando. Creo que van a dar parte a la policía y todo. ¿Sabes lo que eso significa?

La chica rubia reflexionó.

—Que si no viene mañana a las pruebas…

—¡Serás la reina del baile! —Las dos chillaron a coro, y luego la amiga le preguntó—: ¿Ya has pensado qué te vas a poner?

No tuvo tiempo de deleitarse en fantasías sobre moda, porque de nuevo la abordó el friki, momento que su amiga aprovechó para escaquearse. Pero qué tío más pelmazo, ¿qué querría ahora?

—Hola, ¿te ha gustado el regalo?

—¿Cómo? Ah, sí, claro. Muchas gracias.

Ni había vuelto a acordarse de su regalo, pero no quería ser demasiado grosera con él, al menos no hasta que tuviera en sus manos el proyecto que le estaba preparando el chico. Lo que había que aguantar por un aprobado.

—Lo pensé y me dije: «seguro que esto es lo que más le va a gustar» —añadió éste—. Fue complicado, nunca había hecho algo así. Tuve que esperar el momento oportuno, cuando no hubiera nadie atento. Y luego meterlo en la caja sin ayuda, menudo jaleo.

—Ya, ya, de verdad que es estupendo. Oye, ¿tienes ya mi trabajo?

—Estoy con él, pásate luego por la biblioteca a ver si lo tengo listo.

Accedió y por fin se libró de él. ¿Qué leches le habría regalado ese cretino? Recordó la voluminosa caja de cartón, que había acabado en el sótano con los demás trastos. A saber qué demonios habría dentro. ¿Y cómo podía estar tan seguro aquel bicho raro de que le iba a gustar el regalo? Lo que más deseaba ella… Pues ser reina del baile, pensó con una sonrisa.


Durante el entrenamiento de animadoras sólo se habló de lo Cindy. Qué paliza. Igual era todo un truco para hacerse la interesante, ella era muy capaz de algo así. Al terminar se dirigió a la biblioteca. No solía pisar esa zona del instituto, pero visto por el lado bueno allí no los descubrirían juntos sus colegas.

Parecía muy propio de él pasar allí la tarde. En efecto, ahí estaba su mochila raída y los cuadernos de apuntes que siempre llevaba consigo. En cambio, a él no se lo veía por ningún lado. Habría ido al baño o a sacar algo de la máquina de comida, así que decidió esperarlo. ¿De qué leches eran esos libracos tan gordos que estaba consultando? Le echó un ojo a la portada: «Etnología del sudeste asiático». Toma ya, menudo cerebrín. A ella no le iban esas cosas. El capítulo por el que estaba abierto el libro era especialmente asqueroso, pues estaba dedicado a las tribus de cazadores de cabezas de Borneo (que a saber por dónde pillaba). De pronto leyó un párrafo subrayado: «en algunos de estos pueblos, los hombres jóvenes sólo pueden casarse tras presentar como obsequio a su pretendida la cabeza cortada de una muchacha de otra tribu, mejor cuanto más hermosa».

Un sudor frío la invadió de pronto. No le esperó ni un instante más y a los pocos segundos salía del instituto apretando el paso, sin atender la llamada de los compañeros que charlaban sentados en el césped. Llegó a su casa con el aliento entrecortado. Por suerte sus padres seguían fuera. Fue directa al sótano, encendió la débil bombilla pelada y se enfrentó a aquella caja abandonada en un rincón y repentinamente ominosa.

Lo primero que notó fue que olía raro. Y que pesaba lo suyo. Desenvolvió el papel de regalo con temor y mucho cuidado. No podía ser cierto, se lo estaba imaginando, seguro. Nadie haría algo así. Aunque desde luego tenía el tamaño adecuado. Arrodillada delante de la caja, no se atrevía a abrirla. Pero tenía que saberlo. Decidió levantar la tapa sólo un poquito, con eso bastaría para disipar sus temores... ¡Oh, dios!

La cerró de inmediato y se apartó aterrada. Incluso con esa poca luz, había reconocido la característica melena azabache de Cindy, negra y lisa como ala de cuervo. Menos mal que no le había visto el rostro o hubiera vomitado allí mismo.

Maldito psicópata. En qué lío la había metido, todo porque se había enamorado de ella como un idiota. Piensa, piensa, se dijo. Estaba convencida de que por algún lado tenía su número de teléfono. No porque planease llamar en la vida a un perdedor como aquel, pero a principio de curso siempre se hacía una lista con los móviles de todos los compañeros de clase, debía de estar en su cuarto. Subió. Por fin lo encontró y marcó asustada el número, equivocando las teclas en varias ocasiones.

—Ah, hola —la saludó con su voz aflautada—, ¿cómo estás?

Sabía que era ella la que llamaba sin necesidad de que se lo dijera; ese depravado debía de haberse puesto su número en contactos.

—Dime una cosa, es la cabeza, ¿verdad?

—Sí, claro, ¿te ha gustado?

Que si le había gustado. Menudo trastornado.

—Dejemos eso ahora, ¿dónde está el resto del cuerpo?

—Buff, eso es prácticamente imposible de encontrar —respondió él—. ¿Lo quieres?

—¡No, no, no! Sólo quería estar segura de que no iba a aparecer de pronto.

—No, qué va, pueden pasar años antes de que alguien lo encuentre.

Eso la tranquilizó. Igual aún podía salir con buen pie de aquello.

—Fue muy complicado conseguir ese regalo —añadió el chico—, lo he hecho por ti.

Joder, joder, estaba implicada hasta el tuétano en aquello. De pronto le asaltó el temor de que la policía ya les hubiera pinchado el teléfono.

—Mira, no digas nada más. Tienes que venir a mi casa cuanto antes, ¿entiendes?

Él le aseguró que iría enseguida. Bien, en cuanto llegara podrían aclarar las cosas. Porque ella no había tenido nada que ver con el crimen, y eso era lo que él debía declarar a la policía si lo pillaban. Ella no le había insinuado bajo ningún concepto que se cargara a su rival para el baile de graduación, había que quitarle esa idea de la cabeza… ¡No, no!, se reprendió, no digas «cabeza».


Habría que enterrarla bien lejos. Sacó de la despensa la pala que su padre solía usar para arreglar el jardín, y en ese momento sonó el timbre de la entrada. Sí que se había apresurado. Mejor así. Abrió sin mirar y se encontró con su mejor amiga.

—Eh, ¿hola? —saludó sin ganas.

—¿Por qué no has hecho caso antes en el césped? —le recriminó la otra, colándose en la casa—. Quería hablar contigo.

—Pues yo… —titubeó—. Hoy voy con prisas, ya ves. Tengo muchas cosas que hacer. ¿Qué quieres?

—Qué rara estás, hija. Sólo quería comentar contigo lo de Cindy. Imagina que ha desaparecido de verdad, ¿quién podría tener algo en contra de esa cabeza hueca?

Sintió un escalofrío al oír «cabeza» ¿Por qué había tenido que usar justo esa palabra? Cada vez estaba más nerviosa.

—Lo lógico es pensar en algún exnovio, ¿no? —prosiguió la otra—. Pero no había tenido ninguna relación seria, así que tiene que ser por otra cosa. Alguien que salga beneficiado si se quita de en medio… Y no se la ve desde antes de la fiesta que diste. Por cierto, ¿al final qué era el regalo de ese tío raro?

Estaba demasiado cerca de la verdad. Se asustó, sus frenéticos ojos buscaban una salida. Había dejado la pala detrás de la puerta, la otra le daba la espalda sin dejar de parlotear. No tendría una oportunidad mejor. Si ese chaval enclenque había podido, ella también.

—Me pregunto si a ti…

¡CLANC!

—¡Tú no te preguntas nada! —chilló, al borde de la histeria. Entonces se dio cuenta de que la hoja de la pala estaba manchada de sangre y trozos de cuero cabelludo, y que su mejor amiga no se movía del suelo. Estaba muerta…

Muerta. Todo iba de mal en peor. Pero no había que perder la calma, aquel empollón ya se había deshecho de un cuerpo, ¿verdad? Podría hacer lo mismo con este, y de paso también con la maldita cabeza. Luego ella limpiaría bien el suelo antes de que llegaran sus padres. Total, nadie sabía que la chica había ido a su casa justo entonces.

Ahora sí que eran cómplices, no podría denunciarlo por el primer crimen o la arrastraría consigo. ¿Bastaría con un pacto de silencio? ¿O la chantajearía para que fuera su novia? Seguro que sí, y quizá también para que se acostara con él… Oh, qué asco. Adiós a su vida social. Pero todo eso después del baile de graduación, por favor, después aceptaría lo que fuera.

No era capaz de quedarse allí, delante del cadáver, así que salió al porche a esperarlo. Enseguida lo vio venir por la acera y, esta vez, el suspiro que soltó fue de alivio.

—Menos mal que has llegado. Verás, es por tu «regalo» —dijo con disimulo en cuanto llegó hasta ella, por si algún vecino los estaba escuchando—. Tengo otro parecido para ti.

—Genial, estaba seguro de que tú también serías muy fan de Star Wars.

Eso sí que no se lo esperaba.

—¿Perdona?

—Bueno, lo digo por lo mucho que te ha gustado el busto de Darth Vader.

—¿El busto de…?

—Sí, ya sabes, mi regalo, con su casco negro y tal. Edición limitada, tiene ya unos cuantos años. Pujé por él en una subasta online Elegí el momento justo, cuando no había nadie más atento, así pude conseguirlo a buen precio.

»El cuerpo entero ya te digo que es casi imposible de encontrar, es un objeto de coleccionista. Por cierto, acabo de ver a Cindy a la puerta del insti, llevaba una resaca de campeonato. Por lo visto el sábado se pilló tal pedal que aún no había vuelto a casa, porque le daba vergüenza que su familia la viera así, ¿te lo puedes creer? Con las ojeras que lleva, no tendrás problemas para ser la reina del baile. ¿Me oyes? Te has quedado como alelada…

martes, 29 de septiembre de 2020

El camino del héroe II: el monomito clásico

En la primera parte expliqué un poco por encima en qué consistía el camino del héroe o monomito y por qué era importante en la narrativa moderna. En este artículo quiero profundizar en la estructura interna de la versión más clásica del mismo, sin sofisticaciones, tal como la encontramos en numerosas obras convencionales.

El principal análisis que podemos hacer del camino del héroe es su división en tres actos (no es un número casual): la partida, la aventura y el regreso.

La partida

El comienzo del camino del héroe siempre pasa por presentar a nuestro protagonista, un individuo normal que lleva una vida tranquila e incluso aburrida. Esto cumple dos funciones importantes de cara al lector: primera, que pueda identificarse con el héroe, de modo que no ha de ser un tipo demasiado especial (por lo menos al principio, aunque luego se revele lo contrario, como que es el príncipe perdido o el elegido de una profecía). Y segunda, prepara el contraste con lo que luego será la aventura. Si siempre viviera sucesos emocionantes no habría lugar para ninguna evolución personal, porque para él no dejaría de ser algo cotidiano, y por eso los superhéroes rara vez evolucionan. Vemos, por tanto, que una de las claves del monomito es el cambio: cuando el viaje termine, el protagonista no será como al principio, se habrá transformado.

Narrativamente esto implica que el comienzo no debe ser demasiado interesante, o de lo contrario al lector no le gustará que dejemos atrás ese entorno. Y por tanto el primer acto ha de ser relativamente breve. Presentamos al personaje, su día a día y los problemas externos o internos que afectan a su vida. Y en cuanto se pueda, metemos la llamada de la aventura: sucede «algo» fuera de lo común que saca al protagonista de su rutina. Hay variedad donde elegir. Puede que literalmente venga alguien a proponerle una aventura, como Gandalf con Bilbo, o que presencie una injusticia e instintivamente decida actuar, o que por casualidad esté en el momento justo en el lugar indicado, el caso es que el anzuelo de la aventura está ahí.

Normalmente hay dos elementos que vienen después. La negación suele ser la primera reacción del personaje: no desea partir de aventuras, ni enfrentarse al poder, o cree que él no guarda relación con lo sucedido, hasta que los hechos se impongan por sí mismos. La otra es la aparición de un mentor, un personaje más sabio (al menos sobre los aspectos de la aventura y del papel del personaje principal en ella, revelaciones sobre su pasado incluidas) que hará de guía y maestro y que seguramente palmará cuando ya no sea necesario para la evolución del protagonista. Y finalmente habrá un momento bien definido en el que el personaje dará un paso decisivo, sin vuelta atrás, y ya estará metido en la aventura. Ahí cerramos el primer acto.

La aventura

Esta es la fase principal de nuestra historia y tenemos más libertad para plantearla. Será donde mostremos lo original que es el universo que nos hemos inventado, la magia, las naves, personajes chulos y lo que queráis. Pero, importante, no hay que perder de vista la estructura general o nos extraviaremos sin llegar a ninguna parte.

Ya hemos presentado al protagonista y seguramente al mentor, ahora toca introducir a los aliados y enemigos del personaje, y por supuesto al antagonista principal, cuya victoria final supondría la destrucción de este mundo tan interesante que acabamos de empezar a mostrar. Claro que todo esto puede ser literal o metafórico: el enemigo puede ser una enfermedad, o la nada que devora el Reino de Fantasía, o un ojo llameante en Mordor o lo que os apetezca. Pero es importante que los aliados sean palpables y estén bien definidos, porque van a influir de forma determinante en los enfrentamientos venideros y seguramente alguno perezca, y queremos que el lector sufra su pérdida.

Por lo general es buena idea plantear tres enfrentamientos. En el primero el personaje recurrirá todavía a los conceptos de su vida anterior, como si nada hubiera cambiado, y lógicamente será derrotado. En el segundo habrá mejorado mucho y usará sus nuevas aptitudes y quizá a sus aliados, pero sorprendentemente volverá a ser derrotado, o a lo sumo alcanzará una victoria insuficiente, porque su transformación sólo ha sido superficial. Deberá atravesar una maduración interior, unificando todos los aspectos de su vida presente y pasada, para ser por fin capaz de vencer en el tercer y definitivo enfrentamiento.

Por supuesto podéis hacerlo como queráis pero de este modo va a resultar más satisfactorio para el lector. Pensad que si sólo hay un enfrentamiento y el personaje lo gana, va a parecer una Mary Sue sin mérito alguno. Y si vence gracias exclusivamente a sus aliados, pues para eso no hacía falta que saliera de casa. Tened en cuenta que no ha de vencer porque tenga mayor habilidad de combate que su enemigo, sino porque hace «lo correcto», aun con gran coste personal. El camino del héroe es, ante todo, un relato moral. Si al final el protagonista simplemente va a sustituir al adversario y se convierte en un nuevo tirano, ¿a qué viene todo esto?

Y ya que hablamos de moralidad, si queréis ir un paso más allá también puede ocurrir que el protagonista comprenda lo poco que le diferencia de su adversario y se niegue a seguir sus pasos, o por el contrario que se identifique con él como peones de fuerzas superiores y hasta lamente tener que destruirlo. En cualquier caso, con esta victoria su transformación personal quedará completa.

El regreso

Una vez derrotado su adversario, el protagonista alcanza su premio, que puede ser espiritual o material, como una espada, el conocimiento del fuego, la libertad, la mano de la princesa o lo que sea que estaba buscando. Sin embargo, es habitual que para este momento el personaje ya no necesite esa recompensa o carezca de sentido para él porque ha trascendido esa fase de su vida. Normalmente deberá cederla a otros o regresar con ella para dársela a su pueblo, o quizá el premio sea acceder al trono, pero con la misión de reinar sabiamente y no en su propio beneficio. Si el premio fuese algo material que el personaje hubiese ansiado desde el primer momento para sí, como un tesoro o el poder absoluto, no habría evolucionado nada y la historia quedaría coja. Y si lo que buscaba es el amor (de la princesa, por ejemplo), debe quedar claro que lo consigue porque ahora es digno de él, no simplemente por vencer.

Este acto suele ser también corto porque ya hemos enseñado todas las cartas y el lector intuye ya lo que va a pasar, simplemente estamos confirmándolo y no conviene alargarlo innecesariamente. Podemos poner una sorpresa final, por supuesto, pero si afecta al monomito en sí podemos cargarnos todo lo que llevamos hasta el momento. Por eso la mayoría de obras que siguen este ciclo suelen plantear un viaje de regreso bastante breve, donde se remarca lo diferente que es el personaje respecto a cuando lo recorrió en sentido contrario, hasta volver a su hogar. Quizá encuentre allí algún enfrentamiento menor (por ejemplo contra los abusones del insti o con alguien que parecía al principio muy superior a él) y después trata de asentarse de nuevo, pero comprende que su vida ya nunca volverá a ser la misma. Aquí algunos autores hacen que el protagonista sea aclamado como un héroe por el resto de sus días, y otros que se sienta incómodo y parta a una tierra ignota para estar a solas con sus pensamientos. A mí me gusta más esto último, pero cada uno según sus preferencias.

Conclusiones

Y esa es básicamente la estructura del camino del héroe. Como veis está bastante trillada pero permite cierto margen de libertad, en particular si nos centramos en la psicología de los personajes y en las consecuencias de sus acciones. A mi juicio, los siete elementos que no pueden faltar en el monomito, lo planteemos como lo planteemos, son:

  1. Vida corriente del protagonista.
  2. Llamada de la aventura.
  3. Mentor que explica la nueva realidad.
  4. Antagonista aparentemente invencible.
  5. Derrotas costosas.
  6. Transformación personal irreversible.
  7. Victoria final.

Y el orden es básicamente ese. Podemos jugar a reordenar los puntos 2, 3 y 4, presentando primero al antagonista y luego al mentor, o primero al mentor y luego la llamada de la aventura, pero poco más. Por eso es una estructura fundamental, porque es muy sólida.

¿Debemos seguir el monomito en nuestras historias? Cada uno es libre, evidentemente. Pero lo que intento transmitir es que, o bien lo seguís fielmente (aunque sea con giros inesperados) o lo ignoráis por completo, porque hacerlo a medias suele dar mal resultado. El lector está muy acostumbrado inconscientemente a este tipo de tramas y si cambiáis un aspecto importante va a quedar raro, como cuando esperas unos acordes y tocan otros.

Bien, tras este breve análisis del camino del héroe en su versión tradicional, que podemos encontrar en diversos medios narrativos, en futuras entregas plantearé versiones alternativas del mismo enfocadas a otro tipo de historias. Permanezcan a la escucha.